escribiéndome a mí para que al versarnos
rimemos en cada final
Conjugué en futuro todos los verbos que compartimos
y solté globos al cielo con mis deseos incumplidos
Me dijiste que el viento nos arrastró
hasta un rosal y explotamos antes de tocar la primera nube
–nunca sabré si realmente fue el viento
o eras vos el que soplabas-
Volví a pedirnos cuando cerré los ojos
y soplé las velas de la torta
–pero no era mi cumpleaños,
y no sé si ese deseo cuenta-
Até un papel con nuestros nombres
a una piedra y la tiré al rio.
Nos pedí para navidad,
y probé hablándole de nosotros a la luna
Creí en lo imposible
hasta que vos dijiste
que no existía(mos)
No me importó
y te traté como a una obra de arte:
no busqué entenderte, sólo te aprecié
como a la cosa más bonita que había visto jamás.
Te cuidé de todo lo que pudiera hacerte mal,
pisé muchos charcos de barro para que vos caminaras
por el lado seco
Me culpé de tus fallas
para ver si salía de vos el hacerte cargo,
y en lugar de eso me perdonabas
por tus errores.
Te dí otra oportunidad,
y te escuché como a una canción
de esas que me gustan porque dicen mucho
con pocas palabras,
pero me pediste que no los compare
porque mi música es aburrida
Escribí el poema más bonito para vos que no te gusta leer.
Te aprecié porque sé que sos arte, pero no lo supiste ver.
Te escuché como a la canción más bonita y te burlaste de mí.
No debí pretender (a)rimarnos para ser poesía
Ni conjugar los verbos, ni desear tanto
Ni siquiera debí empezar a escribirnos.
Definitivamente fue un gran error gramatical
hablar de vos y de mí en primera persona del plural
-Ani Aguila
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